Exigimos se prohíba maíz transgénico y glifosato en alimentos y se etiqueten todos los productos que contengan otros transgénicos - Alianza por la Salud Alimentaria

Exigimos se prohíba maíz transgénico y glifosato en alimentos y se etiqueten todos los productos que contengan otros transgénicos

  • Los mexicanos tenemos derecho a una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, libre de tóxicos, y a información con un etiquetado en todos los alimentos que contengan transgénicos.

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México, D.F. 17 de febrero, 2015. La presencia de maíz transgénico importado e incorporado en alimentos de alto consumo para los mexicanos representa un riesgo para la salud, entre otros, por la presencia de glifosato, un herbicida nocivo para la salud.

Los mexicanos tenemos derecho a:

  • Una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, que, por lo tanto, debe estar libre de tóxicos.
  • A información sobre el contenido en nuestros alimentos; particularmente, a un etiquetado en todos los alimentos que contengan transgénicos, como ocurre en 61 países.

Es muy preocupante que se estén importando 10 millones de toneladas de maíz de Estados Unidos y que no haya seguridad de que éste y sus agrotóxicos asociados no estén llegando a nuestro alimento.”

“Una parte importante de este maíz es transgénico y la mayor parte tiene glifosato.”

“Los alimentos derivados de algodón, soya, canola, también pueden contener estos tóxicos.”

A pesar de la evidencia de toxicidad, la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ha autorizado 135 líneas de transgénicos para consumo humano y un porcentaje alto de ellas son tolerantes al glifosato.”

“Los más recientes, además de ser tolerantes el glifosato, también resisten el glufosinato, y el 2,4D, tóxico cancerígeno.”

“Los estudios científicos han demostrado que el glifosato es un disrruptor endócrino, puede causar daño hepático y renal, causa malformaciones y otros daños en animales experimentales.”

“Los químicos de los herbicidas y surfactantes penetran a las plantas y NO se pueden lavar.”

“Los granos (trigo y maíz) y oleaginosas (soya) importados de Estados Unidos tienen concentraciones altas de glifosato”, señaló la doctora Elena Alavarez-Buylla, experta en genética molecular del Instituto de Ecología de la UNAM, del Consejo Directivo de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS, Programa Agricultura y Alimentacíon).

“Entre mayor es el consumo de estos productos es mayor la exposición al glifosato.”

“Los mexicanos somos una de las poblaciones con el mayor consumo de maíz en el mundo, 329 gramos de maíz al día (1 mil 61 calorías y 27 gramos de proteína por persona al día); que representa casi el 50% de la ingesta calórica y la tercera parte de la proteínica.”

“Prácticamente, todos los mexicanos comemos maíz diario (más de nueve de cada 10).”

“Aproximadamente el 50% del maíz que se come en México es aún producido por los campesinos a partir de variedades nativas (criollas).”

Este maíz es mucho mejor para la salud, que el maíz que se importa de Estados Unidos, que tiene mayores contenidos de almidones y azúcares, y menos proteína, fibra y antioxidantes, que ayudan a prevenir muchas enfermedades”, declaró Adelita San Vicente, directora de Semillas de Vida. Esta es una razón más para apoyar la agricultura campesina.

Por ello, exigimos:

  1. Se prohíba el maíz transgénico y/o glifosato en alimentos.
  2. Se etiqueten todos los alimentos que se hayan hecho a partir de cultivos transgénicos y/o tratados con faena (glifosato) u otros herbicidas (por ejemplo el 2,4D).
  3. Se regule el uso de estos tóxicos de manera más estricta en beneficio de la salud pública, evitando que lleguen a nuestros alimentos.

Estas demandas se sustentan en evidencia científica que se entregará a Cofepris, y se resume a continuación:

  • Casi nueve de cada 10 de las líneas transgénicas en el mercado son tolerantes al herbicida “Faena” (“Round-up”, en inglés), cuyo componente activo es el glifosato.
  • Los herbicidas son mezclas de sustancias químicas que se asperjan masivamente y son diseñados para matar a las hierbas. El glifosato es el principio activo del herbicida más usado en México, que es el llamado “Faena”. Los químicos de los herbicidas y surfactantes penetran a las plantas y NO se pueden lavar. Los granos (trigo y maíz) y oleagionosas (soya) importados de Estados Unidos tienen concentraciones muy elevadas de glifosato. El Faena es producido por Monsanto productor de las principales variedades de transgénicos. Hasta hace un poco más de 20 años en que no había transgénicos, los herbicidas se asperjaban en los campos antes de la siembra, y los cultivos muy raramente estaban en contacto con estos tóxicos. Pero en las plantas transgénicas tolerantes al Faena (“RoundUp-Ready”) se asperja el tóxico directamente en los cultivos. Los cultivos transgénicos tolerantes sobreviven con altas concentraciones de estos tóxicos. Entonces, los alimentos que se derivan de estos cultivos transgénicos tienen glifosato y otros tóxicos asociados.
  • Los estudios científicos han demostrado que el glifosato es un disrruptor endócrino, puede causar daño hepático y renal, causa malformaciones y otros daños en animales experimentales. Se asocia con una mayor incidencia de malformaciones en bebés de madres rociadas o que viven cerca de siembras de transgénicos en Argentina y otros países. Se ha asociado con mayores alteraciones celulares y genéticas en trabajadores en plantíos de soya transgénica en Brasil. En Sudamérica se ha reportado un aumento en incidencia de enfermedades renales, hepáticas y cáncer en zonas cercanas a siembras de transgénicos a partir de que fueron introducidos.
  • El glifosato se acumula en el agua, suelo y en aereosoles; puede llegar al agua que tomamos.
  • Se ha detectado glifosato en orina y sangre, y en la leche materna. Las personas que presentan este químico en altos niveles están más propensos a enfermedades.
  • Es alarmante que en algunos casos se usa este herbicida para facilitar la cosecha.
  • El 2,4D, al cual son tolerantes las transgéncias recién aprobadas por Cofepris, es un probado cancerígeno y teratógeno (causa malformaciones al nacer) y se presenta en estos cultivos.

Por su parte, la Alianza por la Salud Alimentaria exigió que se informe en el etiquetado de todos los alimentos y bebidas si contienen organismos genéticamente modificados como ocurre ya en 61 países, entre ellos, los estados miembro de la Unión Europea, Rusia, China, Brasil, Australia, Turquía y Sudáfrica.

“Es un derecho de los ciudadanos el acceso a la información y este derecho está violado por el gobierno mexicano que ha permitido que los transgénicos entren en nuestros alimentos sin ninguna información al consumidor”, señaló Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor y miembro de la Alianza por la Salud Alimentaria.

Desde abril del 2011 el Codex Alimentarius aprobó la posibilidad, a escala internacional, para que los países que lo deseen puedan identificar en las etiquetas los alimentos que contienen transgénicos.

La Organización Mundial de Comercio, OMC, hacía 20 años que se oponía a la posibilidad de etiquetar los alimentos argumentando que era una barrera al libre comercio.

En 2011, los Estados Unidos que eran el principal opositor al etiquetado, apoyando a las grandes empresas como Monsanto, lo aceptó.

“Con la autorización del Codex Alimentarius al etiquetado de transgénicos ya no existe ningún argumento comercial para impedir su aplicación”, subrayó Alejandro Calvillo.

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