Necesaria una revolución alimenticia en México - Alianza por la Salud Alimentaria

Necesaria una revolución alimenticia en México

  • Se presenta la campaña “Proyecto Pozol: Más sanos comiendo como mexicanos” para regresar al consumo del pozol, bebida ancestral y altamente nutritiva.
  • ‘México no necesita mirar hacia ningún otro lado para resolver el gran problema de obesidad y diabetes que padece, la solución está aquí mismo y es la comida tradicional’: Jamie Oliver.

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México, D.F. 27 de abril 2015. El pasado viernes 24 de abril de 2015 en San Juan Chamula Chiapas, las organizaciones sociales Proyecto AliMente y El Poder del Consumidor —integrantes de la Alianza por la Salud Alimentaria—, en conjunto con la Facultad de Ciencias de la Nutrición y Alimentos de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas y el Hospital Básico de San Juan Chamula presentaron la campaña internacional por la recuperación de la dieta tradicional mexicana “Proyecto Pozol: Más sanos comiendo como mexicanos”.

Esta iniciativa cuenta con el apoyo de uno de los chefs más reconocidos e influyentes a nivel mundial, Jamie Oliver, el cual ha iniciado un movimiento a nivel mundial para regresar a una alimentación saludable a través de la educación en niños y niñas, principalmente en Inglaterra. Además es el líder y creador del concepto de la “revolución de la comida” o “Food Revolution”.

Durante el lanzamiento de la campaña en la preparatoria de San Juan Chamula, Jamie Oliver comentó: “México no necesita mirar hacia ningún otro lado para resolver el gran problema de obesidad y diabetes que padece, la solución está aquí mismo y es la comida tradicional”.

Oliver probó junto con cientos de jóvenes chamulas algunas de las bebidas tradicionales del estado. “En cuanto llegue a Inglaterra, experimentaré con el tazcalate y no tengo duda de que formará parte de las bebidas que ofrezco en mis restaurantes”, afirmó.

En su oportunidad, Marcos Arana comentó: Uno de los visitantes al ver el entusiasmo con el que todos los jóvenes de Chamula saboreaban el pozol y el agua de chía me dijo: “Se ve que estas bebidas les encantan; ahora, qué sigue, ¿hacer una fábrica de pozol que compita con las de refrescos?”. Le respondí: claro que no, lo que esta campaña propone es promover el pozol como la bebida que puede prepararse en casa y que no tiene una ‘fórmula secreta’ como la Coca-Cola para que sólo unos puedan producirla y hacer un negocio muy lucrativo. No, el pozol en todas sus variedades se puede preparar por todos, sus recetas son compartidas con generosidad y son una herencia cultural de nuestros pueblos y tiene un ingrediente especial, además de todas sus muchas cualidades nutritivas. Tiene un ingrediente llamado DIGNIDAD. Ese ingrediente es el mismo que encontramos en todos los platillos de maíz que los estudiantes prepararon y mostraron en la feria de pozol. Las muchachas y los muchachos de los planteles del COBACH y de la Secundaria Técnica de Chamula mostraban con mucho orgullo su comida, esa comida diversa y maravillosa. El ingrediente de dignidad nutre a quien repara estos alimentos y también al que los consume”.

Esta campaña surge como una necesidad ante la situación preocupante que se vive en las comunidades indígenas de Chiapas en donde se encuentran los indicadores más altos de pobreza y desnutrición del país.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, la tasa de desnutrición crónica entre los niños indígenas menores de cinco años es simplemente inaceptable: 33.1% de ellos la padece (a diferencia de la tasa para niños no indígenas que es del 11.7%).

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La doble carga —causada por la presencia simultánea, incluso en la misma familia, de obesidad y desnutrición— es un problema que enfrenta todo el país. En 2012, casi 10% de los niños menores de cinco años padecía sobrepeso u obesidad. Lo mismo sucede con uno de cada tres niños de entre cinco y 11 años, y siete de cada 10 adultos.

Por su parte, Alejandro Calvillo, nuestro director en El Poder del Consumidor, declaró: “De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Gasto (Engasto) 2012, son los hogares de Chiapas los que destinan el mayor porcentaje de su ingreso en alimentos y bebidas no alcohólicas (38.4%). Según la misma encuesta, después de las tortillas, son los refrescos en lo que más gastan las familias mexicanas”. Y agregó: “Chiapas es un ejemplo de cómo las refresqueras han permeado en la cultura, la religión, la política y la sociedad, ocasionando el desplazamiento de otras bebidas. Es en este estado en donde las refresqueras han lanzado las prácticas comerciales más agresivas y en donde han logrado sus mayores ventas”.

Ante este escenario la campaña de salud pública “Proyecto Pozol: Más sanos comiendo como mexicanos” busca promover el consumo de la bebida ancestral del pozol, no sólo por la población indígena sino promover la recuperación de las dietas tradicionales entre la población en general.

Esta es una campaña de defensa de los derechos culturales, del derecho a la salud y el derecho a una alimentación saludable.

Consumir más pozol blanco y menos refrescos es un paso importante para prevenir la diabetes.

Un análisis recientemente realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán señala que el pozol blanco contiene un 5% de proteínas, es una importante fuente de fibra comestible y a pesar de que tiene un 33% de hidratos de carbono, éstos son compuestos complejos que a diferencia del contenido de azúcar de los refrescos, no provocan la misma elevación violenta del nivel de glucosa en la sangre.

El pozol también tiene un alto contenido de calcio y es un alimento probiótico debido a las bacterias no patógenas que contiene, las cuales ayudan a la adecuada composición de la flora intestinal mejorando la absorción de nutrientes, que han sido estudiadas e incluso patentadas por investigadores holandeses y norteamericanos, lamentablemente.

Por sus propiedades, el pozol blanco puede ser consumido por todos, incluidos niños mayores de seis meses, mujeres embarazadas y diabéticos.

Yatiziri Zepeda, de Proyecto Alimente, declaró: “El pozol, así como los cientos de platillos en los que está presente el maíz criollo y la gran variedad de quelites, insectos, leguminosas, chiles, cactus, frutos, y bebidas fermentadas han sido desplazadas en las comunidades originarias y en las grandes urbes por sopas maruchan, papitas, galletitas y cualquier cantidad de comestibles ultraprocesados con cero nutrientes y niveles elevados de azúcar, sal y grasa. Los mexicanos ya no comemos como mexicanos y eso nos tiene enfermos”.

Se ha demostrado que las personas que consumen dietas tradicionales basadas, sobre todo, en plantas tienen menor riesgo de cáncer, enfermedades coronarias y obesidad que aquellas personas cuyas dietas están compuestas por alimentos ultra-procesados como los que forman parte de la dieta occidental.[1]

Finalmente, las organizaciones civiles y académicas coincidieron que la sociedad civil cuenta con la riqueza de la dieta tradicional mexicana para hacer frente a las prácticas comerciales agresivas por parte de las refresqueras en la zona de los Altos de Chiapas y en el resto del país, y aseguraron que es tiempo de comenzar una revolución de la alimentación en México.

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[1] Dietary Guidelines for Americans 2010. U.S. Department of Agriculture. Disponible en: www.health.gov/dietaryguidelines/dga2010/dietaryguidelines2010.pdf
(Fecha de consulta: 21/04/2015.)

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