Una Coca-cola para empezar el día. A media mañana, algún pastelito o una bolsa de papas fritas, según se antoje lo dulce o lo salado. En la comida, un refresco más (a veces, dos). A media tarde, unas galletas para acompañar el café y para la cena, otro pan y un vaso de leche con sabor a chocolate. Es la dieta habitual de muchos mexicanos que han hecho de la comida procesada una parte fundamental de su día a día































